ACTO III

Las grietas del equilibrio



Mucho antes de que los guardianes despertaran, mucho antes de que los reinos fueran separados y de que los nombres de los dioses aprendieran a existir por sí solos, el universo estuvo a punto de desaparecer.

La Niebla del Olvido no nació como una criatura.
Nació como una ausencia.

Un vacío antiguo que deseaba borrar toda huella, toda memoria y todo legado de los mundos.

Para detenerla, El Inicio reunió a las antiguas deidades de los reinos mitológicos, y juntos hicieron un sacrificio imposible: separaron los grandes territorios del universo, dividieron sus fuerzas y sellaron la Niebla más allá de los caminos de la memoria.

Así nacieron los reinos.
Así nacieron los pactos.
Y así nació también la Llama de la Memoria.

Con ella fueron forjadas reliquias capaces de contener el equilibrio y proteger el recuerdo de la humanidad.
Pero aquellas reliquias no podían ser portadas por cualquiera.
Solo almas puras, libres de ambición y oscuridad, podían escuchar el llamado de la Llama.

Durante siglos, los guardianes protegieron el sello.

Y durante siglos… la Niebla esperó.

Intentó escapar muchas veces.
A veces a través de guerras.
A veces mediante el miedo.
A veces susurrando promesas al corazón de dioses y mortales.

Pero siempre fue contenida.

Hasta que ocurrió algo distinto.

No fue una batalla.
No fue una traición.
Ni siquiera fue un acto de maldad.

Fue un instante pequeño y humano.
Casi imposible de notar.

Una guardiana comenzó a olvidar.

No olvidó por corrupción ni por odio.
Olvidó como olvidan todos los humanos cuando el tiempo avanza:
lentamente… silenciosamente.

Las responsabilidades crecieron.
Los días se volvieron más simples y más mortales.
Y la misión que alguna vez sostuvo el equilibrio comenzó a sentirse lejana, como un sueño antiguo.

Entonces, una noche, caminando entre jardines dormidos, vio una flor rosa.

La más hermosa que había visto jamás.

Y por un único instante…quiso conservarla solo para ella.

Cuando arrancó la flor, algo se quebró.

La reliquia se desprendió de su destino.
La flor se marchitó entre sus manos.
Y la Niebla encontró una grieta.

Porque el Olvido había aprendido algo durante su encierro:

no podía destruir los mundos sola.

La fuerza jamás le había dado la victoria.
Pero el rencor…
la tristeza…
la ambición…
y el deseo de poder…

sí podían abrir puertas.

Y esta vez, la Niebla no buscaría escapar.

Buscaría aliados.

Desde entonces, las grietas comenzaron a extenderse entre los reinos mitológicos.
Los dioses empezaron a sentir que algo antiguo despertaba bajo el equilibrio del universo.
Y en silencio, la Niebla volvió a pronunciar su juramento contra aquellos que la encerraron.

La guerra contra el Olvido nunca terminó.

La victoria de los guardianes…
solo reveló una grieta más profunda.



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