UNO, Dos, Caos

¡Oh no!
Era un día perfectamente normal en la vida del Tío Chris.
Había sobrevivido al gimnasio.
Había sobrevivido a una clienta que pidió “algo sencillo” y luego mostró una referencia imposible salida directamente de Pinterest del Olimpo.
Y había sobrevivido, milagrosamente, al tráfico de bicicletas holandesas.
Así que esa noche tenía un solo objetivo:
paz.
Nada más.
El plan era perfecto:
sofá,
mantita,
una copa de margarita,
y absoluto silencio emocional.
Chris suspiró feliz mientras levantaba la copa.
—Por fin… tranquilidad.
Entonces escuchó un susurro dentro del vaso.
—“Hey, Chris… don’t be boring. Make that margarita mythical.”
Chris cerró lentamente los ojos.
No… esa voz.
No otra vez.
Miró la copa.
Y allí estaban.
Flotando entre las burbujas y el hielo:
Dionisio y Loki.
Dionisio sonreía con energía de “claramente esto terminará mal”.
Loki tenía exactamente la expresión de alguien que ya había causado problemas antes incluso de aparecer.
Chris sostuvo la cabeza con cansancio espiritual.
—No… no, no, no… ustedes dos juntos jamás significan algo bueno.
Dionisio levantó una mini copa brillante.
—¡Vamos! Solo una pequeña noche mitológica.
Loki sonrió.
Y eso era todavía más preocupante.
Antes de que Chris pudiera huir…
las burbujas comenzaron a girar.
La sala desapareció.
Y el universo dijo:
“perfecto, caos desbloqueado”.
¡PUM!
Chris aterrizó en medio de un gigantesco templo mitológico.
Columnas griegas mezcladas con runas nórdicas.
Antorchas verdes.
Copas flotando solas.
Y restos de una fiesta que claramente había violado múltiples leyes celestiales.
Había uvas pegadas en el techo.
Un casco vikingo dentro de una fuente.
Y alguien había intentado usar el martillo de Thor como abridor de botellas.
Los únicos que seguían conscientes:
Dionisio.
Loki.
Y ahora…
lamentablemente…
el Tío Chris.
¡Ay no… peor!
—¡No! ¡No, no, no! —gritó Chris levantando las manos—. ¡Nadie sigue esta fiesta! ¡Se acabó el caos mitológico por hoy!
Dionisio ya estaba sirviendo otra copa.
—Eso suena exactamente a algo que alguien aburrido diría.
Loki se dejó caer sobre una nube rota.
—Entonces… ¿música o juegos?
Chris miró alrededor.
Miró las antorchas.
Miró una cabra dormida usando una toga.
Y tomó la peor decisión posible:
—¿Qué tal juegos de mesa?
Silencio.
Dionisio y Loki giraron lentamente la cabeza hacia él.
Y sonrieron.
Error crítico.
Primero intentaron dominó.
Mala idea.
Loki comenzó a cambiar los puntos de las fichas cada vez que nadie miraba.
El seis era uno.
El uno era tres.
Y Chris ya no sabía si estaba jugando dominó o descifrando una profecía vikinga.
—¡Eso no era un doble cuatro hace cinco segundos! —gritó Chris.
—La realidad es subjetiva —respondió Loki encogiéndose de hombros.
Después jugaron parqués.
Peor idea.
Dionisio parecía bendecido directamente por el destino.
Sacaba pares eternamente.
Sus fichas evitaban la cárcel como si tuvieran inmunidad diplomática olímpica.
Y además iba narrando cada movimiento como comentarista deportivo mitológico.
—¡Y Dionisio avanza nuevamente mientras el mortal pierde estabilidad emocional!
Chris ya estaba agotado.
Los dioses discutían.
Las reglas cambiaban cada tres minutos.
Loki acusaba a Dionisio de hacer trampa.
Dionisio acusaba a Loki de existir demasiado dramáticamente.
Y el templo entero comenzaba a llenarse de energía peligrosa.
Las antorchas ardían más fuerte.
Las runas brillaban.
Una estatua empezó lentamente a alejarse de la mesa por miedo.
Chris intentó calmar el ambiente lanzando nachos con queso encantado.
No funcionó.
Intentó poner música relajante.
Peor.
Intentó decir:
—“Chicos, respiren profundo…”
Tampoco funcionó.
Entonces explotó.
—¡¡YA BASTA!!
Silencio absoluto.
Incluso las antorchas dejaron de moverse.
Chris tomó aire dramáticamente.
—Vamos a resolver esto como adultos civilizados…
Pausa.
Sacó una caja roja de cartas.
—Con una partida de UNO.
El templo quedó en silencio.
Dionisio abrió los ojos emocionado.
Loki sonrió lentamente.
Y en algún rincón lejano del universo…
probablemente Odín sintió escalofríos sin entender por qué.
¡Ahhh claro!
La partida comenzó.
Y casi inmediatamente se convirtió en una guerra diplomática entre panteones.
Cada carta era un ataque personal.
Cada +2 destruía amistades ancestrales.
Cada reversa parecía alterar el equilibrio del cosmos.
Loki jugaba estratégicamente.
Dionisio jugaba emocionalmente.
Y Chris…
bueno…
Chris estaba demasiado ocupado comiendo nachos y tomando margarita como para que alguien lo considerara amenaza real.
Ese fue el error de ambos.
Porque mientras los dioses discutían:
reglas inventadas,
acumulaciones ilegales de +4,
y si las reversas podían “afectar espiritualmente”…
el Tío Chris iba quedándose sin cartas.
Poco a poco.
Silenciosamente.
Como un verdadero agente del caos accidental.
—¡Eso no se puede acumular! —gritó Loki.
—¡Claro que sí! ¡Estamos en mi templo! —respondió Dionisio.
—¡Las reglas oficiales dicen que no!
—¡Las reglas oficiales también dicen que no conviertas una fuente sagrada en jacuzzi y mira dónde estamos!
Chris mordió un nacho.
Miró sus cartas.
Le quedaba una.
Solo una.
Y nadie lo había notado.
Entonces ocurrió.
Loki lanzó un +4 con sonrisa triunfal.
Dionisio respondió sacando una carta brillante que probablemente no pertenecía al juego original.
Ambos comenzaron a discutir tan fuerte que una columna empezó a agrietarse.
Y justo en medio del caos…
Chris levantó tranquilamente su última carta.
Un comodín multicolor brillante como el Bifröst.
La dejó caer sobre la mesa.
Tap.
—Chicos…
Silencio.
—Creo que gané.
Pausa.
Larga.
Peligrosa.
Dionisio miró la mesa.
Loki revisó sus cartas.
Luego ambos levantaron lentamente la cabeza.
—¿¡QUÉ!? —gritaron al mismo tiempo.
—¡Eso no cuenta! —protestó Loki.
—¡Nadie vio cuándo dijo UNO! —gritó Dionisio.
Chris sonrió inocentemente.
—Lo dije bajito.
—¡ESO ES PEOR!
Los dos comenzaron inmediatamente a culparse entre sí.
Que si Loki distraía demasiado.
Que si Dionisio estaba emocionalmente inestable.
Que si las reglas eran ambiguas.
Que si el mortal había manipulado psicológicamente la partida.
Mientras ellos discutían…
Chris levantó su margarita.
Le dio un sorbo tranquilo.
Y entonces…
¡PUFF!
Apareció nuevamente en su sala de Holanda.
El sofá intacto.
La televisión pausada.
La copa todavía fría en su mano.
Chris miró alrededor.
Silencio absoluto.
Paz verdadera.
Hermosa.
Sagrada.
Se dejó caer lentamente sobre el sofá.
Suspiró.
Y murmuró:
—Definitivamente voy a empezar a tomar agua.
Luego dio otro sorbo de margarita.
Porque algunas lecciones simplemente nunca se aprenden.
Reflexión mitológicamente irresponsable
Los amigos son amigos…
aunque algunos sean dioses problemáticos con acceso a magia y pésimo manejo de la competitividad.
Y aunque ganar sea divertido…
nada destruye más rápido la estabilidad emocional de un inmortal…
que perder una partida de UNO contra un mortal distraído con nachos.
