Afrodita y el gym bro
Una cita mitológica

¡Oh no!
Era un día completamente normal en la vida del Tío Chris.
Bueno…
tan normal como puede ser una mañana donde:
haces pecho y tríceps hasta perder la movilidad de los brazos,
sobrevives a música motivacional de gimnasio a volumen criminal,
y tu gym bro decide tener una crisis existencial entre series.
Chris y Yoray estaban descansando frente al espejo del gym.
Yoray era enorme.
De esos tipos que parecen poder cargar un carro… pero se ponen sentimentales cuando escuchan baladas viejas.
Miraba su reflejo con intensidad filosófica.
Y de pronto preguntó:
—Bro… ¿tú crees que soy feo?
Chris casi deja caer la botella de proteína.
—¿¡Qué!?
Yoray suspiró dramáticamente.
—Lo digo en serio.
Chris lo observó unos segundos.
—Pues… feo feo no eres.
Yoray levantó una ceja.
—Gracias… supongo.
—Además, imagínate que fueras demasiado bonito. Dejarías de ser Yoray. Tú tienes… personalidad.
—Eso no ayudó nada, bro.
Chris intentó arreglarlo.
—¡No, espera! Lo que quiero decir es que tienes buen corazón.
—Eso también lo dicen las chicas cuando alguien sí está feo.
Chris decidió cambiar de estrategia inmediatamente.
—Bueno, ¿por qué preguntas eso?
Yoray suspiró mientras miraba el reflejo de sus bíceps con tristeza emocional.
—Hace siglos no tengo una cita.
Pausa dramática.
—Desde la chica de las galletas.
Chris abrió mucho los ojos.
—¿La que dejó de hablarte porque dijiste que los carbohidratos eran “emocionalmente innecesarios”?
—¡Solo intentaba ayudarla!
Chris apoyó lentamente la cabeza contra la máquina de espalda.
—Bro…
—Creo que nadie quiere salir con alguien que se emociona más por una proteína nueva que por el amor.
Silencio.
Chris lo pensó seriamente.
Demasiado seriamente.
—Puuuues… yo tampoco entiendo mucho esas cosas del amor, la verdad.
Se encogió de hombros.
—Entre el trabajo, el gym, las aventuras mitológicas no solicitadas y un buen arroz con huevo un domingo… ¿para qué complicarse emocionalmente?
Yoray lo miró decepcionado.
—Eres el peor consejero romántico del mundo.
Y probablemente tenía razón.
Horas después, Chris salió del gimnasio en bicicleta rumbo a casa.
El atardecer iluminaba los canales de Amersfoort y todo parecía extrañamente tranquilo.
Demasiado tranquilo.
Y eso en la vida del Tío Chris siempre era mala señal.
Entonces pasó frente a un jardín lleno de rosas gigantes.
Chris frenó un poco.
—Wow… qué bonitas están…
El aroma.
Los colores.
La paz.
Y justo en ese momento…
¡PUM!
La llanta delantera chocó contra una piedra.
Chris salió volando con bicicleta incluida.
Y el universo dijo:
“perfecto, activemos el caos romántico”.
Cuando abrió los ojos…
ya no estaba en Holanda.
Ahora flotaba sobre una playa rosada cubierta de flores gigantes, fuentes de perfume brillante y nubes con forma de corazones sospechosamente dramáticos.
Y sentada en un trono de conchas doradas estaba:
Afrodita.
A su lado revoloteaban Leros y Liros, claramente en medio de un chisme olímpico de máxima prioridad.
—¡Chris! —exclamó Afrodita—. ¡Hace siglos que no visitas mi isla!
Chris seguía tirado boca arriba sobre arena rosada.
—Bueno… técnicamente no vine voluntariamente.
Leros se acercó flotando.
—Está triste.
Liros asintió dramáticamente.
—Muy, muy, muy, triste.
Afrodita suspiró mientras jugaba distraídamente con una rosa dorada.
—Estoy cansada de dar consejos de amor a otros.
Chris parpadeó.
Afrodita continuó:
—Todos quieren enamorarse…
pero nadie pregunta jamás si la diosa del amor también se siente sola.
Silencio.
Chris lentamente se incorporó.
Y por primera vez desde que llegó…
dejó de bromear.
Porque debajo del drama olímpico…
eso sonó genuinamente triste.
Leros levantó la mano.
—Yo también quiero amor.
—¿¡Y yo qué soy!? —gritó Liros ofendido.
—Tú eres estrés emocional con alas.
—¡Grosero!
—Love wins —dijo Chris intentando evitar una pelea de querubines.
Y entonces…
la peor idea posible apareció en su cabeza.
—¡Afrodita! ¡Tengo al indicado para ti!
Silencio absoluto.
Afrodita abrió lentamente los ojos.
—¿Es fuerte como Hércules?
Chris tragó saliva.
—Mmm… levanta bastante peso.
—¿Sabio como Atenea?
—Bueno… una vez hizo una rutina de espalda bastante organizada.
—¿Y hermoso como Apolo?
Chris dudó.
Muchísimo.
—…¿quieres una cita o no?
Leros y Liros explotaron de emoción.
—¡REALITY SHOW DEL AMOR! —gritó Leros.
—¡Yo hago los chismes! —añadió Liros.
Afrodita se levantó lentamente del trono.
—Acepto.
Chris sonrió.
Y entonces recordó algo importante.
—Pero hay reglas.
Afrodita frunció el ceño.
—¿Reglas?
—Tienes que actuar como una chica moderna.
Afrodita miró sus sandalias doradas horrorizada.
—¿Tengo que usar zapatos cómodos?
—Sí.
—¿Y decir “jijiji” por mensaje?
—También.
—¿Qué es “jijiji”? ¿Un hechizo menor?
—Más o menos.
Y así…
sin querer queriendo…
el Tío Chris acababa de organizar la peor cita a ciegas de la historia mitológica.
¡Ay no… peor!
Chris despertó nuevamente frente al jardín de rosas en Holanda.
La bicicleta estaba destruida.
Tenía una flor pegada en la frente.
Y alguien le estaba ofreciendo hielo emocionalmente confundido.
Pero él ya tenía una misión.
Le escribió inmediatamente a Yoray.
Yo:
Bro… no te lo vas a creer.
Tengo una amiga MUY bonita que está visitando Holanda.
Es un poquito anticuada… pero creo que podrían llevarse bien.
Yoray:
¿Anticuada cómo?
Yo:
Nivel “usa palabras del griego antiguo casualmente”.
Yoray:
…me interesa.
Chris activó entonces OlimposApp.
La app favorita de los dioses:
stickers de Zeus,
notas de voz eternas,
y demasiados efectos dorados.
Yo:
Todo listo.
Cita mañana.
Canal de Amersfoort.
Jeans normales.
Nada de coronas.
Nada de poderes.
Nada de palomas mágicas.
Y por favor intenta parecer relajada.
Afrodita:
¿Qué significa “relajada”?
Leros:
YA QUIERO EL DRAMA 😭
Liros:
Voy preparando los memes.
A la mañana siguiente…
Chris estaba más nervioso que si la cita fuera suya.
Leros y Liros seguían mandando actualizaciones en tiempo real desde OlimposApp.
Y entonces comenzó.
Afrodita llegó primero.
Perfectamente peinada.
Perfectamente elegante.
Y completamente aterrada.
Llevaba una blusa moderna con letras doradas que decía:
“LOVE IS ETERNAL”.
Y una pequeña tiara escondida bajo una gorra rosa.
Se sentó.
Respiró profundo.
Intentó parecer “casual”.
Y saludó a la mesera diciendo:
—Jijiji.
La mesera quedó confundidísima.
Entonces apareció Yoray.
Camiseta ajustada.
Perfume exagerado.
Tres series extra de bíceps hechas esa mañana “por si acaso”.
Cuando la vio…
se quedó congelado.
—Es la mujer más hermosa que he visto en mi vida…
Y cuando Afrodita lo vio…
pensó exactamente lo contrario de romántico:
“Christian me las va a pagar.”
Yoray intentó actuar elegante.
Le corrió la silla.
Pero accidentalmente pisó la tela de la blusa de Afrodita.
Tropezó.
Giró.
Y cayó directamente sobre el florero de la mesa.
¡CRASH!
Peor aún…
el polen salió volando.
Yoray inhaló todo.
Silencio.
Nivel de alergia mitológica: activado.
Su nariz comenzó a inflarse lentamente.
Muy lentamente.
Como tragedia mitológica en cámara lenta.
Afrodita abrió mucho los ojos.
Yoray habló.
O al menos lo intentó.
—Mfff… mfff… encantfffado…
Parecía una trompeta emocionalmente destruida.
Afrodita sintió pena por él.
Y decidió esforzarse genuinamente para salvar la cita.
Lo cual solo empeoró todo.
Porque el menú estaba en holandés.
Y Afrodita:
hablaba griego antiguo,
algo de latín,
italiano dramático,
e inglés aprendido viendo MTV celestial.
Miró el menú horrorizada.
—¿Por qué las palabras aquí parecen hechizos nórdicos?
Eligió algo al azar.
Terrible decisión.
Cuando llegó el plato…
sonrió.
—Oh, pollo apanado.
No era pollo.
Era pescado.
Y Afrodita era alérgica al pescado.
Sí.
La diosa nacida del mar era alérgica al pescado.
Porque el universo tiene sentido del humor.
Cinco minutos después:
Yoray estaba inflamado,
Afrodita lloraba por alergia,
ambos estornudaban sincronizadamente,
y nadie entendía absolutamente nada.
La cita tenía la energía exacta de un leg day eterno.
Desde lejos, escondido detrás de una pared junto a Leros y Liros…
Chris observaba todo horrorizado.
—Creo que esto salió mal.
—¿CREES? —gritaron los querubines mientras grababan clips para los memes.
¡Ahhh claro!
La cita terminó entre:
servilletas arrugadas,
estornudos,
silencios incómodos,
y un abrazo tan torpe que parecía intento diplomático entre reinos enemigos.
Afrodita se perdió entre los tulipanes del canal con dignidad olímpica.
Yoray fue directamente a comprar medicina para las alergias.
Mientras tanto…
el grupo de OlimposApp explotaba.
Leros enviaba gifs.
Liros había hecho una caricatura animada de Yoray cayendo sobre el florero.
Y Chris…
bueno…
Chris no podía parar de reír.
Pero al día siguiente, en el gimnasio, Yoray se acercó lentamente.
Nariz roja.
Voz destruida.
Autoestima ligeramente atropellada.
—Bro…
Chris intentó contener la risa.
No pudo.
—¿Sí?
—Creo que la cita no salió muy bien.
Y por primera vez en toda la historia…
Chris dejó de bromear un segundo.
Porque Yoray sí lo había intentado.
Y Afrodita también.
Solo que…
a veces las personas no conectan.
Y eso también está bien.
Chris le dio una palmada en el hombro.
—Bro… la verdad… creo que sí mereces a alguien increíble.
Yoray sonrió apenas.
—Gracias.
Pausa.
—Aunque preferiría que la próxima no fuera alérgica a su propia cena.
Chris soltó la carcajada.
Y mientras regresaba a casa en bicicleta, el viento frío de Holanda golpeándole la cara, pensó en algo curioso:
El amor puede ser complicado.
Incómodo.
Ridículo a veces.
Pero sigue siendo bonito que existan personas dispuestas a intentarlo.
Aunque terminen estornudando juntos frente a un molino holandés.
Y así el Tío Chris descubrió una verdad importante:
La belleza interior sí existe.
Y además…
normalmente da menos alergia.
